Galván:
Me identifico totalmente con tus planteamientos, creo además que ciertas
disquisiciones son puro divertimento y que la resistencia a la voracidad sin
limites de quienes cabildearon y sedujeron para lograr una Ley de Áreas
Protegidas a la medida de sus intereses demanda otros frentes y obliga a
otras batallas.
La pertinencia de algún límite, la irracionalidad de alguna acción, los
recurrentes y continuos maltratos a los guardaparques, o a los técnicos, a
los pobladores. Los senadores que se roban y depredan algún área de un
parque nacional o algún ministro de turismo que se apropia de terrenos
destinados a proyectos comunitarios, o algún grancero que desacata una
sentencia y cualquier otra indelicadeza ambiental tiene que convocar
nuestras conciencias.
Creo, sin embargo, que el blanco fundamental sigue siendo la Ley. Es
ilegítima en sus origenes, pervertida y pervitiente, imposible de aplicar e
imposible de defender en sus partes o en el todo.
Los que vivimos por dentro los debates y argumentos de proponentes y
congresistas sabemos que huele feo en cada una de sus letras.
Con su pecado de origen, nada original por cierto, solo nos queda el recurso
duartiano (y martiano, y bolivariano y..... humano) de la rebelión frente a
lo mal hecho.
La persecución a los judios y la denuncia a la resistencia eran ley en la
Alemania Nazi, La ley obligaba a honrar la figura de Trujillo y desde luego,
la ley colonial planteaba la necesidad de mantenernos fiel a los
colonizadores.
La Ley debe legitimarse en la fragua de los pueblos y solo el interés
nacional y la continuidad de la patria nos obligan.
La Coalición para la Defensa de las Áreas Protegidas (que no debe seguir
descansando en paz) lo dijo con mucha claridad
Reiteramos la disposición de continuar el arduo trabajo que iniciamos en
búsqueda del consenso, basado en la ética y la honestidad por el bien común,
por lo que proponemos la elaboración de una Ley Sectorial de Áreas
Protegidas que asegure la preservación del patrimonio natural y cultural de
la nación.
Esta Ley, hija de la cabildeocracia y los intereses espurios, validada en
dictamen inapelable del Tribunal Supremo, debe ser rechazada e invalidada
con la determinación de todos los dominicanos y la resistencia al absurdo.
Que siempre haya patria es el único mandato inapelable para nuestras
conciencias, a ese dictamen nos acogemos.
Que así sea, querido Galván, hagamos que así que estimados foreros.
Luis Carvajal
Nearby Mon Nov 21 23:20:45 2005
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